La belleza de esta aventura que estoy viviendo es maravillosa: no tengo que recorrer necesariamente kilómetros de carretera para sentir que estoy de viaje.
La primera semana desde la partida ha pasado volando y, siendo realista, las distancias recorridas han sido mínimas.
El tiempo me ha puesto a prueba: tormentas persistentes, viento que te empuja hacia atrás, días en los que salir del van parecía más un desafío que un placer.
Me he quedado parada, sí.
Pero no ha sido tiempo perdido.
He aprovechado esos días para desconectar de verdad. Para pensar. Reflexionar. Recordar. Revivir momentos que había guardado en un cajón. Recuperar partes de mí que, quién sabe cuándo, había dejado por el camino.
Y sí, también he cambiado de idea sobre algunas cosas. No sobre todas, pero sí lo suficiente como para sentirme ya un poco diferente.
He trabajado muchísimo dentro de mí. En los larguísimos silencios del van, en los paseos bajo la lluvia, en los momentos de incertidumbre en los que te preguntas si estás yendo en la dirección correcta.
Trabajar en uno mismo es un trabajo duro, sucio, que te roba energía y tiempo. Pero sigo repitiéndome que, teniendo en cuenta la situación de la que partía, ha sido una de las decisiones más inteligentes que podía tomar.
Esta semana he pensado muchísimo en mis hijos, en mi familia, en su futuro.
El mío, por ahora, es tan incierto que prefiero no mirarlo demasiado de cerca: me da vértigo.
Ha habido momentos difíciles, claro.
Ningún verdadero arrepentimiento, pero más de una vez me he preguntado:
“¿Pero qué estoy haciendo?”
Y, sin embargo, cada vez que aparecía esa pregunta, volvía a mi mente una frase que alguien me dijo antes de partir:
“Vive.”
Y yo, en esta semana aparentemente inmóvil, he recorrido kilómetros de vida.
Kilómetros hechos de lágrimas contenidas, de risas a solas frente al mar agitado, de preguntas sin respuesta inmediata, de paz repentina cuando el viento se calma y solo queda el sonido de mi respiración.
Quizá el verdadero viaje empieza justo cuando dejas de contar los kilómetros y empiezas a contar los latidos de más que sientes en el pecho.
¿Y tú?
¿Alguna vez has vivido una semana aparentemente inmóvil que te haya cambiado más que mil kilómetros recorridos? ✨



