Hace tiempo que no escribo.
No sé exactamente por qué.
Quizás porque, a veces, incluso las cosas más naturales necesitan parar.
Bajar el ritmo.
Dar un paso atrás antes de poder volver a avanzar.
He pensado muchas veces en sentarme delante del ordenador y retomar esto, pero para mí escribir siempre ha sido algo natural.
Y cuando deja de serlo, forzarlo no tiene sentido.
Hay épocas en las que las ideas están ahí, pero la mano se bloquea.
Y siempre he pensado que eso también hay que respetarlo.
No estoy pasando por un momento fácil.
Después de los días con mi hijo —que han sido realmente maravillosos— llegó una tristeza que no me esperaba tan fuerte.
Y sí, es normal.
Lo entiendo.
Aunque sé lo importante que es mantener el ánimo arriba, esta vez no lo he conseguido.
O quizá no he tenido la fuerza.
También estoy lidiando con algunas cuestiones con Ettore.
Nada grave, solo temas prácticos que aun así acaban pesando más de lo que deberían.
Ya hablaré de ello, quizá con ironía.
O al menos lo intentaré.
Pero ahora siento que necesito recuperar el ritmo.
Volver a encontrar el equilibrio.
Me siento como si hubiera retrocedido muchísimo.
Y eso me asusta, porque hace nada sentía que iba en la dirección correcta.
Pero luego lo pienso mejor y lo tengo claro: no se vuelve atrás de verdad.
Se pasan por etapas distintas.
Y esta es una de ellas.
Supongo que a todos nos pasa: encuentras la energía, te levantas, empiezas a respirar mejor… y, sin darte cuenta, la pierdes otra vez.
Eso es lo que me ha pasado a mí.
Volver a levantarse no es fácil.
Nunca lo es.
Pero es necesario.
Por eso aquí estoy, otra vez escribiendo.
Con sensaciones distintas, menos ligeras, quizá más parecidas a las del principio.
Pero todavía con un hilo de esperanza, que en el fondo nunca se ha ido del todo.
Y luego están las personas.
Ayer escribí que estaba pasando un momento complicado. No me esperaba todo lo que llegó: mensajes, llamadas, cariño.
Fue importante. Más de lo que sé explicar.
Porque me recordó que incluso cuando me cierro, cuando siento que me pierdo, en realidad no estoy sola.
Y hoy vuelvo a empezar desde aquí.
Sin exigirme demasiado, sin prisas.
Solo con una cosa clara:
seguir adelante.
Un paso a la vez.


