Día 1 – Playa de la Patacona
A las 6:30 sonó la alarma dentro de Ettore, mi camper, aparcado en un rincón tranquilo entre palmeras y silencio.
Cogí el teléfono, me puse una sudadera y bajé hacia la playa.
La Patacona estaba casi desierta.
Solo algún corredor a lo lejos… y yo.
Me senté en la arena fría, hice algunas fotos de la luz que nacía y después lo apagué todo.
Sin filtros, sin ruido, sin mundo.
Solo el mar transformándose: del gris al naranja encendido, del rosa al dorado.
Me quedé allí más de una hora, inmóvil, respirando ese silencio roto únicamente por el sonido de las olas.
En ese momento no hacía falta nada más.






