Ya son un par de días en los que me siento más ligera de lo habitual.

Quizá porque los lugares que estoy visitando eran los que más ganas tenía de ver.
Quizá porque el tiempo está de mi lado y el mar está cada vez más cerca.
Quizá porque sé que en pocos días volveré a ver a mi hijo y podré pasar un poco de tiempo con él.

O quizá no.

Quizá esta ligereza tiene un motivo más simple: he empezado a desconectar.

Si os fijáis, muchas veces somos nosotros mismos quienes nos sobrecargamos de pensamientos.
Empezamos con los “y si”: ¿y si hubiera hecho algo diferente?
Luego llegan los “cuándo”: ¿qué pasará?
Y enseguida los “por qué”.

Y así nos quedamos, dando vueltas en círculo.

No todos, claro.
Hay quien ya ha entendido esto desde hace tiempo —y lo envidio bastante.

Pero para muchos de nosotros es un mecanismo automático: pensar demasiado, incluso cuando no hace falta.
Incluso cuando no cambia nada.

Así que he intentado hacer algo diferente.

Desconectar.
Dejar fluir.
No darle espacio a cada duda que aparece, no quedarme atrapada en cada sensación que no quiero vivir en ese momento.

No es fácil.
De hecho, es todo lo contrario.

Pero funciona.

La ligereza mental crea espacio.
Para la energía.
Para la curiosidad.
Para nuevas ideas.
Para pensamientos más amables.
Para los sueños.

Y darme cuenta de este cambio, aunque sea un poco, para mí ya es muchísimo.

Espero que sea un comienzo, no una meta.

Porque este viaje no es una forma de vaciarme.
No quiero olvidar ni apartar.

Quiero añadir.
Quiero dejar entrar todo lo positivo que pueda llegar, sin forzarlo.

No hablo de técnicas de respiración complicadas, de esas en las que tienes que inhalar contando hasta 7, aguantar, exhalar, ponerte sobre un pie y mientras tanto encontrar el sentido de la vida.

Ni de rituales raros al amanecer o conversiones a filosofías que, al menos por ahora, siento lejanas.

Probablemente nunca seré muy buena en esas cosas.
Quizá porque no creo lo suficiente.
O quizá porque siempre he buscado algo más sencillo.

Y aun así, a mi manera un poco torpe, algo está funcionando.

Estoy aprendiendo —poco a poco, a mi manera— a dejar ir.
A no darle peso a todo.
A no tener que entenderlo todo, inmediatamente.

Y esta ligereza, aunque todavía sea frágil, me gusta.

Me hace sentir mejor.
Me hace respirar mejor.

Y me dan ganas de llevármela conmigo incluso cuando este viaje termine.

Yo estoy aprendiendo… pero desde luego no lo tengo todo claro.
¡Igual me podéis ayudar!

👉 ¿Cómo hacéis vosotros para encontrar ligereza mental?
👉 ¿Tenéis algo que realmente os ayude a desconectar?
👉 ¿O sois de esos afortunados que no le dan mil vueltas a todo?

Me encantaría leer vuestras formas, vuestras experiencias…
igual os robo alguna idea 😉

Para hacerlo es muy sencillo:

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Escribid vuestro mensaje, relato o consejo y enviadme vuestro km.

¡Os espero!