Hasta ahora, en este blog, les he contado sobre todo las emociones y las partes más íntimas del viaje que estoy haciendo. Pensamientos, sensaciones, pequeños momentos de esta vida sobre cuatro ruedas.

Pero después de los caprichos que Ettore tuvo el otro día me di cuenta de una cosa:

quizá ha llegado el momento de hablarles de verdad de él.

Porque, al final, sin Ettore este viaje no existiría.

Así que… ¿listos para conocerlo mejor?

Quién es Ettore

Ettore es un Fiat Ducato del 2001, más precisamente un Elnagh Marlin 58, construido en Italia y llegado a Fuerteventura en junio de 2025.

Es una autocaravana capuchina, es decir, con la clásica cama sobre la cabina de conducción. Tiene un motor 1.9, seis plazas para dormir y pasajeros, mide 3,03 metros de alto y casi seis de ancho.

En resumen… no es precisamente discreto.

Pero es casa.
Mi casa.

Ettore también está bastante bien equipado. Actualmente tiene un panel solar que llega a producir hasta 1500 vatios, un depósito de agua de 100 litros, dos bombonas de propano de 11 kg, un termo de 10 litros y un WC bastante espacioso que me puede acompañar más de una semana.

Obviamente, todo depende también de cuánto bebo y de qué como… pero eso es otro tema.

Dejando de lado la parte decorativa —que sin duda es la que más se nota— la verdad es que quien lo vea se enamora.

El otro día, por ejemplo, el mecánico que lo reparó quería comprármelo. Insistió tanto que al final acordamos vernos en cinco meses.

Veremos si dentro de cinco meses estaré lista para dejarlo ir… pero tengo mis dudas.

La nevera (decisión genial)

Uno de los cambios más inteligentes que he hecho fue cambiar la nevera.

En este período, también para entender mejor este mundo del que hasta hace poco era completamente ajena, me he inscrito en varios grupos de campistas. Una de las quejas más comunes trata justamente de las neveras a gas, que a menudo funcionan mal.

Perfecto.

Yo tenía justamente esa.

Después de rehacer todo el sistema eléctrico y de preguntar —entre risas del técnico— si sería posible instalar una freidora de aire, él me miró y me dijo que lo mejor sería cambiar la nevera.

Hecho y derecho.

Ahora tengo una nevera fantástica: funciona perfectamente con la energía que tengo disponible, es lo suficientemente grande como para permitirme hacer una compra que dure hasta diez días y consume muy poco.

Y por la noche… se va a dormir conmigo.

Decisión perfecta.

Luces cálidas y ambiente hogareño

Otra cosa que he cambiado han sido las luces.

Odio las luces blancas. Las considero frías, impersonales… y estoy convencida de que, salvo en hospitales donde realmente se necesitan, podrían perfectamente estar prohibidas en el mercado.

Por eso puse focos todos de luz cálida.

Pero, conociéndome, no podía quedarme ahí. Siempre he tenido esta tendencia a imaginar los peores escenarios en los que podría encontrarme —como quedarme sin electricidad en el momento menos oportuno.

Así que también compré luces LED a batería.

Además de crear un ambiente increíblemente romántico dentro de Ettore, son súper útiles si la energía llegara a faltar por completo.

Los oscurecedores (solución rústica pero genial)

Otra cosa que he añadido a Ettore —y que se está revelando absolutamente esencial— son los oscurecedores para las ventanas.

Además de impedir que entre la luz y de crear un poco de privacidad (algo que cuando vives en una autocaravana nunca se debe subestimar), me ayudan muchísimo a mantener el calor dentro durante estos días de frío.

Obviamente es una solución bastante rústica… pero al fin y al cabo, todo Ettore es un poco rústico, y eso también forma parte de su encanto.

Piensen que en las áreas de descanso donde me detengo, Ettore es puntualmente el más… maduro de todos.

La palabra “viejo” no me gusta, así que prefiero decirlo así.

La mayoría de las otras autocaravanas son enormes, nuevísimas y súper equipadas. Tienen todo integrado: oscurecedores tipo acordeón en las ventanas, sistemas perfectos, tecnología por todas partes.

En resumen… lo tienen todo más grande.

Pero a nosotros eso no nos importa.

Ettore quizá no sea el más moderno del aparcamiento, pero tiene todo lo que necesitamos para llevarnos a donde queramos ir.

Y, sobre todo, tiene algo que muchos de esos campers perfectos no tienen: una historia.

El navegador anti-puentes bajos

Lo último fundamental de lo que quiero hablarles es el navegador.

Considerando mi experiencia al volante… diría que fue una inversión más que necesaria.

Aprendí a conducir en Cerdeña y, después de unos años, me mudé a Fuerteventura. Esto significa que nunca he tenido mucha práctica con autopistas, grandes intercambios, tráfico complicado y cosas así.

Y cuando te mueves con una autocaravana de más de tres metros de altura, ciertas cosas de repente empiezan a volverse… importantes.

Por eso doté a Ettore de un CarPlay, al que conecto el teléfono cada vez que me pongo en viaje. La pantalla no es enorme, pero hace perfectamente su trabajo: no perderme y no dar vueltas en vano.

Pero la elección realmente inteligente fue otra: el tipo de navegador.

Y por eso debo darle las gracias a mi padre.

Un día, con su increíble despreocupación y su tono decididamente sardos, me dijo:

“¿Y si un día pasas por una calle de un solo sentido con un puente más bajo que la autocaravana?”

Pánico.

En tres segundos me imaginé la escena: yo atrapada bajo un puente demasiado bajo, todos los coches detrás tocando el claxon, los bomberos llegando para liberarme y mirándome como si fuera una perfecta tonta.

Una imagen mental preciosa, de verdad.

Así que empecé a buscar una solución y, después de un tiempo, encontré una app llamada Sygic Truck.

Es un poco como Google Maps, pero con una diferencia fundamental: puedes ingresar las medidas del vehículo —altura, ancho, peso— y el navegador calcula la ruta solo por las calles por donde la autocaravana puede pasar sin problemas.

Nos llevó un tiempo entenderlo, lo admito.

También porque la primera voz del navegador era sinceramente antipática.

Pero desde que la cambié… vamos de maravilla.

Y sobre todo me está llevando a todas partes sin atraparme bajo ningún puente.

Lo cual, considerando mi experiencia al volante… ya es un gran éxito.

Al final, vivir con Ettore es un poco así.

No es perfecto.
No es moderno.
No es el más grande del aparcamiento.

Pero es casa.

Y por ahora… nos está llevando exactamente a donde debemos ir.