Mi amiga y yo tuvimos una de esas conversaciones importantes.
De esas que empiezan con:
“Pero, según tú…”
y terminan tres horas después con:
“…bueno, no sé.”
Analizamos todo.
Psicología, relaciones, amor, traumas infantiles, comportamientos pasivo-agresivos, mensajes vistos a las 22:37 y respuestas que llegaron al día siguiente a las 14:12 (casualmente).
Hicimos hipótesis.
Construimos teorías.
Desmontamos creencias.
Acusamos a ex.
Defendimos a ex.
Volvimos a acusar a ex.
Después de larguísimos estudios, acompañados de snacks y una seriedad digna de un congreso internacional, llegamos a la conclusión definitiva.
Una respuesta única.
Universal.
Aplicable a cualquier ámbito de la existencia.
La respuesta es:
No sé.
¿Es correcto cambiar por los demás?
No sé. Depende. De quién. De cuánto. De por qué. De cómo te dé ese día.
¿Está bien pensar a veces en uno mismo?
No sé. Sí. No. Quizá. Pero luego te sientes culpable. Así que… no sé.
¿El tiempo mejora las relaciones?
No sé. A veces las mejora. A veces las envejece mal. Como la leche.
Si hubieras hecho las cosas de otra manera, ¿habría salido diferente?
No sé. O quizá habría salido peor. O igual. O simplemente habrías encontrado otro motivo para pensarlo a las 2 de la madrugada.
¿Con los años el carácter de las personas mejora?
No sé. Algunos maduran. Otros se especializan.
¿Qué es el amor?
No sé. Un concepto. Una ilusión. Una química. Una suscripción emocional con renovación automática.
¿Qué estás buscando?
No sé. ¿Paz? ¿Estabilidad? ¿Una señal? ¿Un sofá cómodo? No está claro.
¿A dónde irás?
No sé. Depende del tráfico emocional.
¿De qué tienes necesidad?
No sé. ¿Terapia? ¿Vacaciones? ¿Silencio? ¿Dinero? ¿Todo? ¿Nada? No sé.
La verdad es que pasamos la vida buscando respuestas seguras.
Queremos certezas sólidas.
Verdades absolutas.
Indicaciones precisas tipo: “Gira a la derecha y encontrarás la felicidad”.
Pero no.
Solo existe este enorme, honesto y democrático:
No sé.
El “no sé” es la única respuesta que no miente.
No promete.
No ilusiona.
No hace ghosting.
El “no sé” es humilde.
Es sincero.
Es el filósofo minimalista de nuestra generación.
Y quizá, después de años fingiendo saberlo todo, decir “no sé” sea el acto de madurez más grande.
O quizá no.
No sé. 😌
¿Y tú? ¿Tienes alguna respuesta mejor?
Cuéntame qué piensas…


