LOS VIAJES VERDADEROS NUNCA SIGUEN UNA LINEA RECTA
Hay momentos en un viaje en los que simplemente tienes que detenerte.
No porque quieras, sino porque es necesario.
Hace unos días me encontré tomando una decisión rápida y cambiando completamente los planes.
Invertí la ruta, recorrí muchos más kilómetros de los que había imaginado y atravesé horas de carretera con un solo pensamiento en la cabeza: llegar a tiempo.
A veces los viajes son así.
No son líneas rectas en un mapa, sino curvas inesperadas, desvíos y decisiones tomadas casi sobre la marcha.
Había un avión que tomar.
Durante unos días dejé la carretera.
Solo por un poco de tiempo, pero lo suficiente como para poner en pausa los kilómetros.
Antes de partir dejé a Ettore aparcado en Madrid.
A salvo.
No fue fácil alejarme.
Puede parecer extraño decirlo, pero cuando vives mucho tiempo en la carretera tu autocaravana se convierte en mucho más que un simple vehículo.
Se convierte en casa, en compañero de viaje, en refugio después de días interminables y en testigo silencioso de cada amanecer, cada esfuerzo, cada pequeño logro.
Dejarlo allí me hizo sentir como si hubiera dejado atrás una parte de mí. Han sido días llenos de giros inesperados, cambios de planes y alguna dificultad más de la prevista.
Pero estas cosas también forman parte del viaje.
De hecho, quizá sean precisamente estas desviaciones las que lo hacen real. Lo que tenía que hacer, lo hice.
Era importante para mí, para mi proyecto, para mis kilómetros.
Y al final todo se resolvió.
Pero como suele pasar en los viajes —y quizá también en la vida— mientras intentaba resolver una cosa, sucedió otra que no había previsto.
Una de esas sorpresas que llegan cuando menos te lo esperas.
De las que cambian un poco la perspectiva.
Ahora, sin embargo, he vuelto.
Ettore me esperaba en Madrid, exactamente donde lo había dejado.
Y volver a verlo fue como volver a casa.
La carretera sigue ahí.
Los kilómetros vuelven a empezar justo donde se habían detenido.
Quizá con aún más ganas que antes.
Porque los viajes de verdad nunca se interrumpen de verdad.
Solo hacen alguna desviación.


